Los ciudadanos son, evidentemente, los primeros beneficiarios de la acción de los defensores. En las zonas de conflicto, las violaciones masivas de derechos humanos cometidas contra la población civil y contra ciertos grupos sociales -estigmatizados en razón de su pertenencia política, religiosa, étnica, etc.- pasarían desapercibidas si los defensores no estuvieran presentes.